Diario de la peste (41). Otro 4 de mayo.

Pablo Soler Frost, con 17 años, es el gigante intelectual de la preparatoria del Instituto Luis Vives, y no sólo por ser el mayor: ha ganado el concurso de cuento de las prepas incorporadas a la UNAM, tiene ya un libro publicado (De batallas), dictó una conferencia sobre los poetas malditos en el salón del vitral, junto a Federico Bonasso y Alberto López Fernández, y habla alemán, inglés y catalán. Ahora pontifica, genial, sobre Cien años de soledad, que, por supuesto, ya ha leído. ¡Y lo desprecia! Es el único de todo el grupo de amigos que está con los ingleses en las guerras de Las Malvinas. Es amigo mío incomprensiblemente: tengo 13 años, voy en segundo de secundaria, me apasionan las matemáticas y mi único talento en sintonía es un catalán familiar más que desdibujado. Aunque sé que son ridículas leyendas sin sustento, me obsesiona quedarme calvo o que la mano derecha se me acalambre. 

Tengo que leer ese libro, pese al consejo familiar de posponerlo hasta los quince. Me urge discutirlo, glosarlo, regurgitarlo en el patio de la escuela. 

Anoto con mi letra aún infantil en una esquina del libro (quinta edición, Sudamericana): “Ricardo Cayuela Gally, 4 de mayo de 1982.”

Capítulo primero. Noche de insomnio y fuego: un gitano vende hielo. Ya nada será igual.

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Confieso que no he vuelto a leer Cien años de soledad desde aquella primera y única vez en la temprana adolescencia. Tengo recuerdos míticos, seguramente ya mezclados con vivencias y lecturas conexas de todo tipo, y no quiero enfrentarme de nuevo a esa saga familiar y salir decepcionado, como tristemente me pasó con Rayuela. Quiero proteger al puberto marisabidillo y odioso que era (¿era?) en esa época.

Un comentario en “Diario de la peste (41). Otro 4 de mayo.”

  1. en todas partes y a cualquier edad se cuecen habas…. Sobre lo de Cien años coincido. Deberia leer El amor en los tiempos de cólera. Sobre Rayuela vaya y pase quizas no sea el surrealismo para la pubertad pero si deberia leer el cuento Continuidad en el Parque y Final de Juego de don Julio. Ese, ese si sabía del ser humano.

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