Diario de la peste (38). Flores en Palacio Nacional

Hoy planté en los jardines de Palacio Nacional, soleado día de abril, casi mayo, tres árboles-flor: un flamboyán, un maculí y un guayacán. Árboles con un agudo sentido político. También una grave ceiba y palmas reales, no conservadoras. No tengo mucho que hacer, de momento. La iniciativa para que coincida el revocatorio con las elecciones federales ya está en el Congreso. Lo mismo la que me otorga, modestamente, el control del presupuesto. Ahora, como dice Arturo Farela, mi evangélico de cabecera, plantar y esperar. Estas maravillas del trópico florecen tras diez, doce, quince años de arduos cuidados. Aquí quizá tardarán más. Estoy contra la reelección. Dios mediante, como dice el padre Solalinde, espero verlos prosperar. Y recuerden a Carlos Pellicer, el poeta de las flores:

… en el clarísimo jardín de abril y mayo

todo se ve de frente y nada de soslayo.

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