Diario de la peste (19). La ruta del tren maya

En diciembre pasado decidimos celebrar la llegada del 2020 (quién nos iba a decir que no tendríamos nada que celebrar) siguiendo, en coche, la hipotética ruta del tren maya. Volamos a Campeche, donde rentamos una de esas camionetas americanas que parecen viejas y destartaladas, aunque sean del año, y nos alistamos a recorrer en doce días los 1400 kilómetros del futuro ferrocarril. No quiero aquí hacer la reseña de ese viaje lleno de prodigios. Aunque el verdadero milagro fue humano: dos matrimonios, tres niños de edades e intereses diversos y, sin embargo, gracias al influjo de Harmonía (la olvidada diosa griega de la concordia), cuyos poderes alcanzaron el Caribe mexicano, no hubo ni la sombra de un disturbio. Los niños aguantaron de buen talante el convento franciscano de San Bernardino y los adultos la enésima-última zambullida en la alberca. 

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Entre Escárcega y Xpujil se cruza la reserva de la biósfera de Calakmul y la reserva natural de Balamkú. Las construcciones ilegales y la invasión de terrenos son la norma. La selva, ladrillo a ladrillo, milpa a milpa, se estrecha. Un muro de pobreza separa artificialmente las dos reservas. La oferta turística ahí sólo se explica por la corrupción ejidal en complicidad con las autoridades. O viceversa. La veda de edificaciones debería ser absoluta. Y de cultivos. Ahora, con el plan de “sembrado vida”, se ha acelerado la destrucción. Para cualquiera debería resultar obvio que no debe ni puede incrementarse el flujo de visitantes, a riesgo de romper el precario equilibrio de la zona. Por ejemplo, la cueva de la que salen cada atardecer millones de murciélagos a polinizar la selva, conocida como el Volcán de los Murciélagos, está abierta al público sin control del número de visitantes ni de los autos, mal estacionados sobre la vereda. El riesgo sanitario por la inhalación del guano es alto. El artesanal acordonamiento anuncia una tragedia. 

Calakmul, enigmática y soberbia, está a ochenta kilómetros al sur de la carretera y la única conexión habilitada es una vía de escaso tamaño cuyo creciente tránsito afecta ya a la fauna, por atropellamientos y ruido. Edificar una estación de tren en esa zona sería un crimen ecológico, un derroche de recursos y un capricho. ¿La solución? Hacer de los pobladores custodios de esa riqueza incalculable, cómplices del desarrollo y no sus víctimas. Turismo de verdad ecológico, en tiendas de campaña equipadas y sostenibles. Como en las grandes reservas africanas. No a las cabañas con techo de lámina, basura sin control y drenaje abierto. Y un transporte colectivo, eléctrico y con horarios fijos, para entrar en la reserva y las ruinas.

En la ruta hacia Bacalar, la carretera atraviesa diversas ciudades mayas, todas sorprendentes. En Chicaná y Becán se notan los recortes del maltrecho y heroico INAH. No hay personal suficiente de custodia o guía, no hay folletería, la oferta editorial y de servicios al turista es prácticamente nula. Bacalar, como demostró un reportaje reciente del New York Times, y niegan las autoridades, enfrenta un riesgo evidente de colapso. Las construcciones ilegales a pie de laguna se suceden sin recato. El manglar y los estromatolitos –la evidencia de vida más antigua del planeta, que ya producían oxígeno hace 3,500 millones de años–, responsables de su paleta de color sin igual, están sometidos a “estrés ecológico”. El número de lanchas es excesivo. Hasta aquí, lo que está aún conservado. Luego sigue Tulum y Playa del Carmen, cuyo modelo de desarrollo debería ser un anti-ejemplo en el mundo entero.

La densidad de tráfico entre Playa del Carmen y Valladolid y entre esta ciudad y Mérida es muy baja, salvo las pipas dobles que absurdamente transportan la gasolina gastando gasolina. Claramente no hay masa crítica para hacer rentable el proyecto, que funcionaría bajo subsidio permanente. La costa está saturada y lo que procede es cuidar y mejorar los servicios. El interior no es recomendable crecer el flujo de turismo y requiere un plan maestro de turismo ecológico. El INAH necesita urgentemente recursos para estudiar, preservar y mostrar en condiciones ese patrimonio único.

Reviso el plan maestro del tren, en realidad un PDF de primero de carrera de arquitectura, y me sorprende que el tren no comunique Mérida con Cancún, la única ruta que podría tener un cierto movimiento natural de pasajeros y visitantes. Tampoco conecta Mérida con Progreso, su puerto, lo que sí podría conectar al sureste a otra escala con el comercio internacional.

La ruta del tren maya, en kilómetros, es el equivalente a hacer un tren entre Saltillo y Laredo, en la frontera de Estados Unidos, pasando por Monterrey (400 kilómetros), más un tren entre Mexicali-Tijuana (178 km), otro entre México y Querétaro (216 km), más uno que uniría Veracruz con Acapulco, el golfo con el pacífico a través del Nudo Volcánico (630 km), con paradas en Orizaba, Córdoba, Puebla, México, Cuernavaca, Iguala y Chilpancingo . 

López Obrador es uno de los mexicanos que más ha recorrido el país. Acumula miles de horas de carretera y conoce cada uno de los municipios del país, la mayoría de ellos visitados en muchas ocasiones. Sin embargo, su enfoque de los problemas nacionales no es específico, sino genérico. De ahí la ocurrencia del tren maya. 

Uno esperaría que con el caudal de información que, como testigo visual, tiene López Obrador del país, podría encontrar, proponer, soluciones concretas: entronques, represas, sistemas de riego, agroindustrias, turismo rural…, pero su visión es ideológica y simplificadora. Para él, todas las ciudades son la misma ciudad y todos los pueblos son el mismo pueblo. En todos, el pueblo bueno lo aclama en la plaza pública cada vez menos abarrotada y en todos repite el mismo discurso del resentimiento: los males son del pasado neoliberal. El futuro es magnífico. Y en el presente, él está ahí, dicharachero y ocurrente, entregado a un pueblo al que se pertenece. Lo único singular de sus recorridos son los puestos de barbacoa. Y, claro, la molestia, menor y pasajera, en su visión, del covid-19.

Un comentario en “Diario de la peste (19). La ruta del tren maya”

  1. Excelente reportaje. Se centra en la descripción de la zona afectada por el Tren Maya, su impacto ecológico y ambiental, y los cuestionables beneficios económicos y turísticos que tendrá. Invita a la reflexión y la discusión plural de la pertinencia de esta obra.

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