Diario de la peste (15). El presidente visita Badiraguato.

Hasta el corazón de la Sierra Madre Occidental se desplazó López Obrador, en plena pandemia y dentro de una gira de tres días por cuatro estados, para supervisar el avance en las obras de la carretera que unirá el municipio sinaloense de Badiraguato con el municipio chihuahuense de Guadalupe y Calvo. Un improvisado puesto de supervisión, después de recorrer tres horas y media de terracería, fue el lugar elegido para la original ceremonia de “continuación de la obra”. Todavía dentro de los límites del municipio de Badiraguato, cerca del poblado de Las Tunas, y ante el imponente macizo de la Mesa de San Rafael. Las retroexcavadoras guardan momentáneo silencio. El público lo componen ingenieros de caminos con su casco y peto naranja de rigor. Y la prensa adscrita a la fuente. López Obrador, apoyado por unas notas, parece improvisar un discurso de casi cuarenta minutos.

Badiraguato, según el censo del año 2000, tenía una población de poco más de 42 mil habitantes. En el censo de 2010, la población era de menos de 30 mil habitantes. Una reducción de cerca del 30 por cierto. El censo de Sinaloa del 2015 reportaba 32 mil habitantes. Si pudiéramos estudiar con más detalles los datos demográficos, veríamos que esa disminución se da entre la población más joven, muerta por la violencia criminal o emigrada. Para que se entienda la magnitud del desastre habría que extrapolarlo a nivel nacional: en el año 2000, nuestro país tenía 101.7 millones de habitantes y en 2010, 117.3. Si México fuera Badiraguato, hubiera alcanzado la cifra de 73 millones de habitantes, la peor debacle de su historia, para estabilizarse a duras penas en los 75 millones. 

Badiraguato es uno de los vértices del llamado Triángulo Dorado de la droga, torpe metáfora que se usa para referirse a esa zona serrana entre Sinaloa, Chihuahua y Durango, sin caminos y de intimidante geografía, viejo territorio de Doroteo Arango antes de ser Pancho Villa. Es la zona de mayor producción en el mundo de amapola. Guarida y cuartel general de los narcotraficantes de Sinaloa, entre sus paisanos ilustres están el Joaquín “el Chapo” Guzmán, Ernesto Fonseca Carrillo, Miguel Ángel Félix Gallardo, Ismael “el Mayo” Zambada y los hermanos Beltrán Leyva. Es imposible transitar por esas serranías sin salvoconductos, como saben todos sus atribulados vecinos. Estamos, pues, en la zona cero de la violencia criminal de México.  

            En su discurso, López Obrador habló de los empresarios “chipocludos y machuchones” de la era neoliberal que no pagaban impuestos, habló del periódico Reforma, “prensa fifí” y “boletín de los conservadores”, explicó que el tapabocas no sirve para combatir el Covid-19 y aclaró que su temperatura corporal era de 36 grados. También señaló que esa sierra era ideal para su proyecto “Sembrando vida” y que ya cerca de 2,000 agricultores del municipio se habían inscrito por el jornal de cinco mil pesos que ofrece el programa para plantar árboles “frutales y maderables”. También dijo que en Badiraguato se está construyendo una universidad que, sin embargo, ya tiene 103 becarios y 91 alumnos. Habló del precio de garantía del maíz para los esforzados agricultores de la zona, de los 197 jóvenes inscritos en el programa de “jóvenes construyendo el futuro”, aprendices en talleres y fábricas cuyo salario también cubre el gobierno. Con legítimo orgullo, explicó que todos los estudiantes del nivel medio superior del municipio reciben su beca (1,264), así como los alumnos del nivel preescolar y escolar de familias de escasos recursos, que cifró en 4,641. Por respeto a la investidura, me niego a entrar al baile de cifras de los apoyos directos, “sin moches”, que el gobierno está repartiendo a los pobladores de Badiraguato.  Las palabras “narcotráfico”, “ley”, “violencia”, “monopolio legítimo”, “víctimas” no fueron requeridas en su discurso.

Después de una reparadora taquiza, servida con las manos por cada comensal, entre un selecto grupo de vecinos y trabajadores de la carretera, y de tener el gesto humano de ir a saludar de mano a una nonagenaria con la que mantiene correspondencia, sentada en un camioneta Ford Lobo Platinum Limited Crew, el presidente pasó a retirarse.

Un comentario en “Diario de la peste (15). El presidente visita Badiraguato.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *